Uno se levanta recién llegado del puente, dándose cuenta que el aterrizaje no fue únicamente en la ciudad en la que vive, sino en la realidad. El salir de viaje, o quedarse en casa sin el correr de la cotidianeidad, tiene un efecto evasivo en casi todos nosotros, los seres humanos.
En el paraíso, donde vivo, vacaciones y puentes, significan 20 horas diarias de trabajo. Significan rush continuo al que el cuerpo se acostumbra volviéndose cada vez más eficiente. Significan también, entonces, no enterarse de lo que sucede más allá del área laboral para nosotros, diversión y descanso para otros.
Y aterrizar es teclear el nombre del periódico local en internet. Y ver que todo sigue igual, que la información está manipulada, que el gobierno se enriquece y la clase baja se empobrece. Que regalar tamales y juguetes el 2 de febrero en un parque de beisbol convierte al gobernador en un verdadero rey mago, porque compra la felicidad de un niño y la confianza de los padres que lo ven sonreír con una bolsa de dulces o un juguete bajo el brazo.
Aterrizar es saber lo que pasa entre Israel y Hamas, y llenarnos de imágenes de la guerra, por medio de la televisión, el correo electrónico y los medios impresos; y ver la participación de nuestros paisanos en foros de discusión, en debates formales y de sobre mesa, pero es también no ver lo que pasa en nuestro país. Es ignorar la guerra interna. Es sobrevivir al ejecutómetro 2009, una estadística que aparece en uno de los diarios capitalinos más importantes y que nos da a conocer, semana por semana, entidad por entidad, el número de muertes relacionadas con el crimen organizado en 2009 y compara los datos históricos desde 2006. Los más de 120 a la fecha, especifican 8 decapitados, 13 torturados, 8 mujeres, y ninguno con mensaje. Aterrizar es saber, que mi amigo, que consume drogas, es cómplice, y que aquel conocido, que lava el dinero de éstas asociaciones también, y que quizá tú o yo , somos parte de la cadena, porque tanto peca el que mata la vaca, como el que le detiene la pata, pero el que mira, y se calla, también.
Aterrizar es leer que al mismo tiempo en que se llevó a cabo en México el encuentro entre familias que rebasando las expectativas de los mismos organizadores, se detuvo un sacerdote por pederastia en una casa hogar, un conserje por violación de menores ¿y es importante saber si tuvieron o no una familia disfuncional? ¿Tiene transcendencia en la vida de los afectados?
Aterrizar es enterarse que en todo el país, tomado por el crimen organizado, los operativos son un fraude, que además de atentar contra la seguridad, atentan contra la inteligencia de los mexicanos, y el presupuesto que sale de nuestros impuestos, los ciudadanos promedio, ya que el gremio político, como bien mostraron diputados y senadores, están exentos de sus deberes como mexicanos.
Aterrizar, es que Salvemos México, nada tiene que ver con el reciclaje, o la consciencia, sino con el aval a la coalición del partido del trabajo y convergencia
Aterrizar, es saber que los padres de Rodrigo García, trajeron sus restos de Nueva York, donde murió , tras vivir las consecuencia del avión que, por casualidad, se estrelló en hora pico, en la vía más congestionada de la ciudad, y donde, también casualmente volaban Muriño y Vasconcelos. ¿También podremos echarles la culpa de esto a las familias disfuncionales? ¿Al padre del piloto, presuntamente irresponsable? O nada más fantaseando, porque nada tendría que ver con la realidad ¿a la familia de una mente capaz de matar al zar antidrogas o al segundo del presidente que presume de ser el brazo fuerte de la guerra al crimen organizado? ¿Será acaso que todo el caos que vive el país, y no encontrar en los diarios una sola noticia buena, tiene alguna relación con desestabilizar éste gobierno?
Pero aterrizar, es también llegar a casa, con los seres queridos. Es el olor de nuestra tierra. Escuchar a Carmen Aristegui de nuevo en la radio. Es saber que cada día mas personas reciclan su basura, y hay menos odio, y racismo; que Obama ocupó el lugar de Bush en la casa blanca. Y si, aterrizar, es entonces, saber que todos los caminos de luz son posibles